Crianza

Escaparé de esta casa

Era un domingo y tratábamos de hablar sobre temas que a veces entre semana no podemos, temas de la casa, organización, mi hijo de 4 años no paraba de gritar y correr detrás de su pelota como hace cada mañana,  tarde y  noche. Después de muchas llamadas de atención inútiles, mi marido decide que ya es suficiente y  le ordena que vaya a su habitación. Se fue llorando y con la cabeza gacha, luego escuche que entre sollozos decía: ” voy a escapar de esta casa” en verdad se le oía muy enojado, al oírlo me sorprendí y lo tome un poco en broma.

 

Me acerque a su habitación y vi, su rostro de perfil, parecía un ángel pequeño e inocente, con una expresión triste, me puse en su lugar y me dolió verlo así.

Recordé que también en mi infancia había vivido algo parecido y había pronunciado alguna vez estas palabras, pensaba que no me querían y me sentía sola.

El estaba diciendo mucho más con sus palabras, con su comportamiento, desde su interior gritaba “no me ignores, estoy aquí”.

Yo también soy importante, por favor hazme sentir que me quieren y me necesitan.

Así que le dije: muy bien cariño, puedes escapar de casa, dije con ternura mientras seleccionaba su ropa, necesitaras el abrigo, el pijama, mi pijama, mi abrigo…

Mamá, dijo ¿que haces?, también necesitaremos mi  bufanda, mi jersey  así que empaque todo en la misma bolsa y la puse en la puerta.

Esta todo aquí, ya estamos listos, pero ¿estás seguro que quieres escaparte de casa? pregunté.

Sí, pero  ¿dónde irás tú? me pregunto preocupado.

Pues si vas a irte de casa le conteste, entonces yo también me iré contigo.

Eres demasiado importante para mí y nunca quiero que estés solo, nunca.

Nos abrazamos y me pregunto: ¿porque quieres venir conmigo mamá?

Porque te quiero con toda mi alma y mi vida sin ti no sería igual, y quiero saber a dónde vas y si estarás bien, le contesté.

Así que, si tú te vas, yo iré contigo le recalqué.

¿Podría venir el papa? me preguntó

No, el tiene que cuidar de tu hermana, trabajar, organizar la casa cuando no estemos.

¿Puedo llevar la tortuga? (el cojín de dormir) “No, la tortuga se quedará  aquí”.

Lo que aprendí aquel día

Se quedo pensativo y mirándome a los ojos dijo: mejor es que nos quedemos en casa, con el papa y la nena.

Muy bien cariño, nos quedaremos en casa le respondí.

-¿Mamá? Te quiero. Nos abrazamos otra vez,  yo también te quiero hijo, ¿me ayudas a hacer palomitas de maíz? Sí mamá.

En aquel momento descubrí el maravilloso don de la maternidad que tenemos, la gran responsabilidad que tenía como madre.

Ayudar a desarrollar el sentimiento de seguridad y autoestima de un niño.

En mis manos tenia el don precioso de su infancia, era una preciosa pieza de barro a la cual yo ayudaba a dar forma.

La mimaba y moldeaba para que después se transformara en una obra de arte adulta, confiada y  segura de sí.

Aprendí que como madre nunca debía dejar escapar la oportunidad de mostrar a mis hijos lo importante, lo valiosos y deseados que son en nuestras vidas.

Si quieres compartir alguna historia conmigo, ¡adelante, sé que tendrás muchas que contar!

Un abrazo!

 

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